Si existen tres iconos en arquitectura destinada a viviendas unifamiliares, a saber: Villa Saboya de Le Corbusier, la Casa Robie de Frank Lloyd Wright y Villa Tugendhat de Mies Van der Rohe, estos días los amantes del diseño, el interiorismo y la arquitectura estamos de suerte.

Por fin, tras un largo trabajo de más de dos años de rehabilitación dirigida por el profesor Ivo Hammer, en el que se recuperó su aspecto original de 1929, se puede volver a visitar este maravilloso ámbito concebido como un único espacio de dos plantas y sótano, dominado por el amplio salón situado en el centro de la casa y sus grandes cristaleras haciendo la función de muros.

Situada a las afueras de Brno, en la República Checa, esta magistral vivienda proyectada por Mies Van der Rohe para Fritz y Grete Tugendhat, y declarada en 2001 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está concebida como un un único espacio en el que los únicos elementos que sirven de directores son una gran pared de ónice y otra de madera de ébano, en la que se accede al jardín a través de sus grandes ventanales orientados al suroeste y en la que llama la atención su escalera de caracol en Travertino italiano.


Un ejemplo de obra maestra en la que el arquitecto deja de ser un profesional para convertirse en genio, tanto por su repercusión arquitectónica y de interiorismo como por el diseño de su mobiliario.


La historia de esta casa fue igual de cruel que con sus dueños, ya que durante la guerra se convirtió en propiedad de la Gestapo y posteriormente fue un establo para los caballos del Ejército Rojo, para acabar convirtiéndose en escuela de baile y centro de rehabilitación.

Su importancia arquitectónica reside en que fue la primera construcción residencial de la historia con estructura integral de acero, con un reparto minimalista de sus interiores que entran en contacto con el espacio ajardinado del exterior, dando forma al concepto del espacio fluido creado por Mies Van der Rohe, apertura eléctrica de los ventanales, un sistema único de calefacción y un gusto exquisito en cada detalle del mobiliario interior, entre los que destacan las sillas "Brno", recubiertas de pergamino blanco, los sillones "Tugendhat" tapizados con telas de color gris plata o los taburetes "Barcelona" en cuero verde.


Con las buenas fotos de David Zidlicky, aunque dan una idea, nunca será lo mismo que entrar en Villa Tugendhat.