Jueves 15 de Septiembre de 2011 15:49

My favourite things/1

Gracias a Richard Rogers y a Oscar Hammerstein y a las inspiradas versiones de Ella Fitzgerald, John Coltrane, Rod Stewart, Tony Bennet o del poeta Ramiro Fonte, comienzo yo también mi pequeña lista egocéntrica y tópica de preferencias relacionadas con el diseño, la fotografía y la pintura, por entender que aquí encajan mejor que mis preferencias cinematográficas, arquitectónicas, musicales o literarias, las cuáles no son descartadas de listar pero si pospuestas por eso de no sacar los pies del tiesto.

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  • El color negro y el azul acero ante los naranjas, rojos, morados y violetas de otras épocas más apasionadas.
  • El formato cuadrado ante el Dina4, que aunque contradiga la proporción áurea me ofrece un cómodo espacio de relaciones, distribuciones y equilibrios.
  • Boticelli y Piero della Francesca, por su creatividad e innovación a la vez que humanista visión, no sólo de la pintura y del dibujo.
  • Cy twombly, por sus maravillosos garabatos que siempre quise llevar a cabo y o no me dejaron o no tuve agallas para defenderlos.
  • Las fotografías de Robert Frank, por sus encuadres a la deriva de la historia.
  • La cartelería circense del siglo XIX y sus ilustraciones por su fidelidad y exactitud de un mundo de sueños.
  • La Helvética, la Frutiger, la Avenir y la Bodoni, porque son mis más fieles compañeras de profesión.
  • Los reportajes de James Nachtwey realizados con una inconmensurable valentía junto al abismo humano, y su War Photographer, porque sin lugar a dudas me devuelve a mi sitio.
  • La contemplación, en la sombra de una sala de la National Gallery, de las abstracciones de Mark Rothko, porque son de lo más realista que he contemplado.
  • El teclado de teclas independientes y en cubos, que me permiten mantener ese vínculo con la Remington o mi primera Olivetty Lettera de color blanco, que tantas noches sonó en mi habitación adolescente.
  • Las ilustraciones de Ana Juan, porque me acompañan desde los ochenta, cuando las descubrí en la revista Madriz y continúan teniendo un inmenso poder de evocación.
  • La señaléctica del metro de New York: un ejemplo gráfico de buen gusto.
  • El tacto del muestrario Pantone de colores en abanico, porque, con los años, mi mano acabó formándose un hueco para su espacio.
  • El color de las instalaciones de Anish Kapoor porque me compromete con mi propia percepción, al igual que pasa con Picasso o Matisse ¿me sobrecoge la forma o me sobrecoge el color? creo que no me es posible ser muy ecléctico en esto.
  • La tinta china. Trabajar con un pincel con tinta china me disuelve en el espacio y en el tiempo ¿tengo 12 años y estoy cargando los Rotring? ¿o 16 y estoy en clase de delineación?¿o 21 y estoy acuarelando desenfrenadamente?.
  • El Mac. Aunque luche y pierda contra mi propia opinión, aunque me revuelva contra el imperio "i", aunque me agote la pijada de la carcasa de la frutería y en el fondo mi yo pragmático y utilitarista acabe como un perro apaleado, adoro mis mac y les debo mucho de lo que llevo a cabo.
  • Las fotografías publicitarias de Shuakashi, porque lo suyo no se aprende en libros ni en cursos.
  • Las retículas, las guías y las alineaciones que, aunque por obvio parece que no son una preferencia sino un requisito básico, existen multitud de diseñadores que escapan de ellas como de la peste.
  • Las ilimitadas combinaciones geométricas de Sean Scully y Pablo Palazuelo; uno por su matérica imperfección y el otro por su obsesiva perfección.
  • Los diseños de Paul Rand porque fué uno de los puentes por los que cruzó el arte desde su inaccesible playa hasta el malecón del diseño comercial.
  • La palabra Bauhaus porque entre los espacios de sus letras habita bien protegida y cómoda la dignidad de nuestra profesión.
  • El diseño de la entradilla de Carnivàle, un entramado a modo de puzzle de fotografías, ilustraciones y secuencias sobre el que revolotea el bien y el mal.
  • Los bocetos. A lápiz, a rotulador, a boligrafo; en una libreta, en una servilleta, en un folio, en papel Canson texturado, en un block de notas, siempre los bocetos y siempre a mano. El comienzo, para mi, siempre será a mano.
  • No escapar del influjo de Alan Fletcher porque es una gran infujo.
  • La semiótica: aunque elijas un símbolo, lo rediseñes, le des la vuelta y le cambies la intención conceptual, sigue remitiendo a su sentido original.
  • El subconsciente; nos permite navegar por la superficie de las ideologías, del arte y del consumo pero siempre con el radar activado. No me imagino diseñar teniendo el radar desconectado.
  • Gurafiku, la recopilación de diseño japonés llevada a cabo por Ryan Hageman.
  • El alfabeto, las letras, todas. De la A a la Z, mayúsculas y minúsculas. ¿Qué podríamos hacer sin ellas?.
  • Todo lo que sale de Pentagram, porque siempre existe algo más.
  • Los maravillosos dibujos escondidos de profesionales que todavía no dieron con la puerta adecuada y siguen trabajando en la sombra, porque de ellos es el reino.
  • La caligrafía japonesa. La delicia y exactitud de su work in progress.
  • El Moon Cresta original, cuando con 16 años metíamos la moneda de 5 duros en la máquina del bar y se abría la ventana de un nuevo mundo.
  • Y como no, el hilo de conversaciones y reuniones con cada uno de los clientes que ponen sobre la mesa su encargo y como las palabras relacionadas con el proyecto gráfico nos van involucrando en un lenguaje inusual.